
Justo ahí donde aparece la mayor fisura de mis alas rotas; trato de girarme inútilmente para ver el rostro de aquel que se toma la molestia de repararlas, para posteriormente corregir mi vuelo y encauzarlo; y aún no pudiendo verte, se que eres tú, el músico del laúd de las notas perdidas, quien con infinita paciencia, con sutileza, con maestría y con esa ternura que derrite los cuerpos helados, vas retirando una a una las astillas que me clavé, en aquellos golpes bruscos contra mis muros.
Oigo la melodía del laúd de las notas perdidas tocadas para mí con tus dedos gentiles, dulce composición que me hace recordar, que en aquellos momentos de soledad, cuando la estrepitosa caída se hacía más tortuosa, cuando más bajo caía en cada uno de los pozos sin fondo que esta extraña aventura me ponía por delante, más claras llegaban tus notas hasta mis oídos. Y ahora que caen las horas, deslizándose por tus dedos, afanados en mi causa, me doy cuenta de que tu presencia siempre estuvo allí, por muy mal que se pusieran las cosas, por muy hondo que fuera mi agujero...
Te oigo susurrar en mi oído que pronto estaré lista para emprender nuevamente el vuelo, que me llevarás al precipicio de mi vida, para que salte al vacío, y que serás mis alas hasta que llegue tal momento y me embarga la emoción......., noto acelerarse el corazón ansioso por volver a volar en libertad, imaginando que desde allí arriba también podré escuchar tu melodía, sentado en aquella vieja roca del valle, te observaré desde mi inmensidad, y todo volverá a pintarse, pero esta vez de los colores nunca vistos. Y surcaré los cielos hasta llegar al Arco Iris, con la esperanza de que orgulloso observes mi vuelo, que de tus sabias lecciones aprendió a ser un vuelo libre, seguro, contundente y directo.
Y ahora que aún ando en proceso de maduración, de superación de mis propios obstáculos; ahora, recuerdo aquel primer instante en que nuestros ojos se cruzaron y se hablaron, mucho antes de conocerse.

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